lunes, 10 de enero de 2011

¿Es posible conseguir empleo después de los 40 años?


La odisea por la que tienen que pasar aquellos mayores de 40 años que no consiguen empleo.

Insertarse en el mercado laboral después de los 40 es un desafío, tanto para las personas que no tienen experiencia como para las que sí la tienen, y mucha.
La dura realidad de quedarse sin trabajo golpea fuerte y nos enfrenta a la angustia de un futuro incierto. Esto significa un trauma importante a cualquier edad, sin embargo los competitivos mercados laborales actuales son mucho más esquivos cuando la persona que busca empleo es mayor de 40 años y tiene una familia que sostener.
En muchos casos, estas situaciones pueden llevar a una disminución importante de la autoestima y hasta se puede llegar a estados de depresión alarmante.
Una de las primeras realidades con la que lidian los adultos es que todas las herramientas tradicionales de búsqueda de empleo casi no se aplican en esta franja.
En torno a la edad existen varias percepciones negativas que responden más a estereotipos que a hechos fácticos. Así, la creencia de que una persona mayor es menos flexible o que puede no estar al tanto de los desarrollos tecnológicos puede ser errada. Lo mismo, el considerar que tendrá un costo mayor para la empresa. Es cierto que si se capacita a ese recurso, la vida útil después es menor; pero no es más caro, tiene otras competencias.

En lo concreto, la salida laboral en los adultos depende sobre todo de los contactos personales. Son las pymes, y no las grandes empresas, las mayores receptoras. Otra alternativa frecuente son los emprendimientos personales y el autoempleo. En la Argentina, según datos del IAE, el 50% de los emprendedores tiene más de 50 años.

Más allá de un mercado laboral preso de una tendencia a exaltar la juventud – y no tanto la experiencia -como principal valor, a partir de los 40 también es frecuente que las personas busquen empleo aspirando un cambio de rumbo. Después de todo, a esta edad, están en la situación de plantearse qué harán la otra mitad de su vida.
Está el que tiene ganas de dedicarse a la familia y no sabe si la empresa lo va a valorar, o el que está cansado, tiene hijos grandes y se plantea si tanto esfuerzo vale la pena.

Cada persona está preparada de diferentes maneras para hacer frente a la crisis que implica la pérdida de trabajo, y su estado de ánimo, al igual que las medidas que ponga en práctica para superar el trance, dependerán de su preparación, nivel socio-cultural, entre otros factores.

Cuanto menor sea la formación profesional mayor será la incertidumbre y viceversa.